Muere a los 87 años Ruth Bader Ginsburg, juez progresista del Tribunal Supremo de EE.UU.

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Ruth Bader Ginsburg, juez del Tribunal Supremo de Estados Unidos, falleció el viernes, a los 87 años en su casa de Washington, debido a una serie de complicaciones en el cáncer de páncreas que sufría desde hace tiempo, según ha confirmado la instancia superior judicial del país, a la que pertenecía desde que fue nombrada por Bill Clinton en 1993.

La jueza llevaba años luchando contra el cáncer: en 2009 superó uno de páncreas; en 2018 tuvieron que extirparle unos nódulos malignos de su pulmón izquierdo; y en el verano de 2019 reapareció el tumor en el páncreas.

La juez Ruth Bader Ginsburg, fue la segunda mujer nombrada para el Supremo en la historia y rápidamente se convirtió en representante del sector progresista del tribunal, debido a su voto decisivo para los avances en la igualdad de género, el derecho al aborto, el matrimonio igualitario y los derechos de los inmigrantes.

Ruth Bader Ginsburg y su carrera en el Tribunal Supremo de EE.UU.

Nacida en Brooklyn en 1933, en los años de la Gran Depresión, segunda hija de un inmigrante judío de Rusia, pasó por las universidades de Cornell, Harvard y Columbia, donde se licenció en Derecho.

Se mudó a Nueva York en 1958 y, a pesar de ser la primera de su promoción, ningún bufete de abogados la contrató. Eran años difíciles para los derechos de la mujer y su profesión era un universo dominado por hombres.

Es por ello que, su ejercicio profesional lo inicio en el mundo académico y comenzó a dar clases en la Universidad de Columbia para unos años más tarde, en 1972, ser una de las fundadoras del Proyecto de Mujeres de la Unión para las Libertades Civiles en América (ACLU por sus siglas inglés), cuyo objetivo era lograr una nueva legislación que garantizara la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Por lo que antes de ingresar en el Tribunal Supremo, ya había defendido con éxito ante sus magistrados, en medio del movimiento por los derechos civiles de los años setenta, una serie de casos que contribuyeron a quebrar el muro de la discriminación de género.

Sin embargo, la lucha de Ruth Bader Ginsburg tomó una nueva dimensión en 1980, cuando comenzó a vestir la toga de jueza en la Corte de Apelaciones de la capital de Estados Unidos, donde se labró fama de moderada y cautelosa.

En 1993, cuando Bill Clinton la nominó para el Supremo, pocos imaginaron que se convertiría en una auténtica leyenda de las causas progresistas, pero su trabajo hablaba por sí solo, después de toda una carrera dedicada a causas feministas y a los derechos civiles.

Cabe destacar, que fue la segunda mujer en llegar a la máxima instancia judicial de EE.UU. después de Sandra Day O’Connor, por la que Ginsburg profesaba una gran admiración, a pesar de representar polos opuestos a nivel ideológico.

Siempre recordada “ícono del pensamiento progresista del Supremo”.

La lucha inigualable e impecable de la juez Ruth Bader Ginsburg, hacen que sea recordada, como ícono del pensamiento progresista del Supremo por centenares de personas, quienes le rindieron homenaje en el tribunal Supremo, prendiendo velas y cantado Amazing grace.

Asimismo, el presidente del Supremo, John Roberts, expresó en una nota que   “Nosotros en el Tribunal Supremo perdemos a una querida colega. Hoy lloramos, pero con la confianza de que futuras generaciones recordarán a Ruth Bader Ginsburg como la conocimos, una incansable y resuelta defensora de la justicia”.

El senador demócrata y ex candidato a la presidencia del país, Bernie Sanders, a través de twitter lamentó la que considera una “terrible pérdida para el país” y destacó su lucha por la igualdad de derechos.

Otro de las figuras de la escena política estadounidense, Chuck Schumer, también demócrata, lamentó por twitter, la pérdida de este ícono de la lucha por los derechos de las mujeres y la igualdad social, para quien Ginsburg fue una «gigante» de la historia de Estados Unidos.

Últimos deseos de la jueza progresista.

Días antes de su muerte, según informa la radio pública NPR, la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg dictó una declaración a su nieta Clara Spera, que decía así: “Mi deseo más ferviente es no ser sustituida hasta que un nuevo presidente asuma el poder”.

Ello se debe a que, el presidente Trump y la magistrada mantuvieron una difícil relación después de que Ginsburg lo calificara de «farsante» antes de las elecciones de 2016, un comentario del que tuvo que retractarse y que provocó que Trump pidiera su renuncia.

Al respecto, el presidente Trump tras conocer la muerte de Ginsburg de la mano de los periodistas, contestó con gesto de sorpresa «¿Ha muerto? Tuvo una vida increíble, ¿qué más se puede decir? Fue una mujer increíble, estuvieras de acuerdo con ella o no. Me entristece escucharlo» y la calificó de «titán de la ley».

Nuevo escenario en el Tribunal Supremo de EE.UU.

El Tribunal Supremo de EE.UU., está compuesto por nueve jueces con puestos vitalicios, actualmente 5 conservadores y 4 progresistas. La renovación del Supremo siempre ha sido una de las grandes cartas electorales de Trump y ahora tiene la oportunidad de elegir a otro magistrado conservador cuando su primer mandato está a punto de concluir.

Si lo consigue, dejaría un Tribunal Supremo con una línea más conservadora, con seis jueces nominados por republicanos y solo tres elegidos por demócratas. Esta nueva mayoría conservadora podría determinar el futuro de EE.UU. en asuntos centrales -aborto, discriminación racial, acceso a armas, derechos LGBT, financiación electoral- e inclinar al país hacia esa posición ideológica durante muchos años (el cargo de juez del Supremo no expira).

Por tal motivo, no es de extrañar que el último deseo de la juez Ruth Bader Ginsburg, fuera su sustitución hasta que un nuevo presidente asumiera el poder, ya que temía por el equilibrio ideológico del Tribunal Supremo.

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