Las Hurdes y amoroso tendero ambulante

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Las Hurdes y amoroso tendero ambulante

Las Hurdes y amoroso tendero ambulante. Con su excelente sentido del humor, su furgoneta y remolque, cada jueves el fraile hurdano (que es hurdano, más no fraile) Carlos Cáceres Martín recorre alegremente la comarca ofreciendo de todo un poco.

Estar a su lado es aprender cada jueves de todo un poco, comercio, psicología, economía, dietética,

Después de recorrer unos siete pueblos y alrededor de 50 clientes que lo esperan siempre de manera amena y ávida de su despacho, se agotan de manera rápida los productos que consisten principalmente en leche, cerveza, azúcar, tocino en latas, chocolate en tabletas.

Siempre recibe de sus clientes cariño y amor, como muestra de que lo quieren. Se lo expresan a cada instante, todo esto para retribuir su paciencia y trabajo, porque sin él la vida para ellos se tornaría un poco más complicada.

Hurdes necesitados de ayuda

Siempre visita las alquerías de los Hurdes con su ambulante mercado, Carlos Cáceres Martín, un señor de 48 años de edad, casado y padre de dos hermosas niñas, realiza cada jueves su trabajo que más que eso se asemeja más a un servicio público, señalan los ancianos que atiende que si llegara a enfermar tendrían un punto más de complicación en sus días para llenar la despensa de alimentos prioritarios.

La mayoría de los compradores se alegran al verlo y utilizan sus servicios para que siga viniendo, aclaran los clientes entre charlas, frase, gestos amables y fotografías. Estar frente a esta itinerante tienda es una experiencia mágica y aleccionadora.

Muchas personas de estos pueblos son personas mayores, que no poseen automóviles para desplazarse a grandes distancias para realizar sus compras (como Ciudad Rodrigo en Salamanca que está a 35 Kilómetros de recorrido o en el peor de los casos Plasencia que se encuentra a 77 Kilómetros) y prefieren realizar la compra de café, jabón, tomates y hasta bolsas de tierra al señor Cáceres, tal como lo expresa Elvira, habitante consultada de un pueblo visitado.

Expresiones de cariño y afecto.

Entre las miles de expresiones de cariño y afecto hacia el “fraile hurdano” están las de la señora Visitación Iglesias que entre chistes y refranes asegura tener 50 años, cuando su verdadera edad es de 89 y que no le gusta levantarse temprano y jura nunca molestarse, pide todos los días a Dios por el señor Carlos al que considera como a su hijo, suplica que nunca deje de venir.

Es de hacer notar que la pandemia de covid-19 lo ha cambiado todo y al fraile hurdano le ha hecho trabajar aún más. Mucha gente prefiere no salir de sus pueblos por sentirse más seguros; por la edad de la mayoría expresa Francisca Gómez, está excelente que nos vengan a vender a la puerta de la casa.

Afirma Carlos Cáceres “ser feliz con su trabajo”, comenzó a trabajar de camionero en Torrijos (Toledo) sitio donde vivo al lado de unos curas, por lo que de allí viene su sobrenombre de fraile.

Dice sentirse feliz por contar siempre con la compañía de su padre, pero asegura que debido a la pandemia prefiere hacer la ruta solo,  cuenta  con el impulso y el amor de toda su familia de hecho su hermano presta su hogar para almacenar la mercancía.

La rutina de este fraile sin hábito se desarrolla entre parcelas, pueblos y montañas que forman parte de su día a día, asegura que el cliente no va a la tienda, la tienda va al cliente.

Los productos son un poco más costosos, pero los clientes los pagan sin quejarse, se impresiona que los pagos son en efectivo y con billetes de alta denominación, nada de tarjetas.

Miles de trabajos

Carlos aproxima sin ningún problema, la compra a la puerta de la casa, de hecho realiza miles de trabajos sin molestarse.

De hecho, cualquier cosa puede ocurrir, lo imprevisto se puede presentar de momento, todos los jueves se pasea por los mismos lugares y las caras no le son extrañas y se le puede pedir lo que sea.

Cambiar bombillas quemadas, poner pilas o baterías a miles de controles, tensiómetros y glucómetros forman parte de esos trabajos que realiza con dedicación y amor, hasta el arreglo de muebles y sillas.

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