La han visto más de 50 médicos y nadie sabe qué le pasa

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La han visto más de 50 médicos y nadie sabe qué le pasa

La han visto más de 50 médicos y nadie sabe qué le pasa. A, Caroline Shifke, después de haberle realizado consultas, pruebas e indicado tratamientos por miles de dólares, ha recibido alrededor de 26 diagnósticos distintos.

Todo comenzó en enero del 2014, cuando empezaron a realizarle innumerables pruebas que consistían en el análisis de su sangre o tener que pasar 5 horas ingresada en una cámara de sudar llena de un polvo de color morado. Luego de haber gastado mucho dinero en ello, en distintos lugares con distintos diagnósticos, la conclusión fue: que todos indican un porcentaje de verdad sobre lo que ocurre, pero que también se equivocan.

En el hospital de Lenox Hill

El jefe en tratamientos neurológicos, indica que posee encefalitis límbica autoinmune y en Minnesota, en la clínica Mayo, le da un nombre distinto a su padecimiento, llamado síndrome de sensibilidad central, lo que probablemente sucedió por la enfermedad de Lyme. Sin embargo, el especialista en enfermedades causadas por infección, el cual es su médico principal, le indica algo mucho más preocupante y es, que la enfermedad que tiene no es comprendida aun por las comunidades médicas.

Lo que pareciera ocurrir para ella, es que tiene de todo un poco de lo que le han indicado y que sinceramente el nombre ya no le interesa, solo le encantaría es que tomaran su caso con seriedad, ya que estuvo mucho tiempo, día a día, preocupada por conseguir que le dijeran con claridad lo que tiene, pero resultando ser nada concreto. En cambio, si todo hubiese salido bien podrían haberle dado un nombre y un diagnóstico certero, medirse con él y destruirlo si fuese ese el caso.

Le habría gustado que su caso hubiese salido con mayor éxito o resultado llevadero para poder compartir con sus amigos. Cuando les dices a las personas que padeces una enfermedad, querrán saber exactamente de qué. ¿Es de preocuparse? ¿Es contagioso? ¿Es doloroso?

Las respuestas a estas preguntas aumentan la reacción, debido a que son curiosos por naturaleza. Por ejemplo, si alguien comenta que tiene un catarro, no es lo mismo a que indique que tiene algunos problemas fuertes de salud. Las personas se interesan más en temas oscuros y misteriosos; querrán investigar a pesar de que la educación temprana indica que algunas preguntas, en ciertos casos, son imprudentes o en su debido momento hacerlo con algo de tacto para respetar la privacidad de la salud de cada quien.

En caso de no saber que tienes, ya que no te facilitan un diagnóstico preciso, las preguntas anteriores no se responden con facilidad. En su caso, da una respuesta cierta, pero a la vez vaga: una extraña enfermedad neurológica, lo cual suena a mentira. Caroline, siente que si enumera sus sistemas parecerá una niña quejándose y en el caso de querer resumirlo, estaría rebajando mucho lo grave de su situación y al mismo tiempo, dando falsas noticias sobre su recuperación.

Sin un diagnóstico

¿Cómo podría contarles su historia a los amigos o así misma? Claramente, esta chica, siente que está sola caminando en una calle de noche con una luz pequeña saliendo del móvil tratando de iluminar el camino lo mejor que puede e intentando no construir monstruos en medio de la oscuridad. Cada vez que le indicaban un nombre a su enfermedad la luz aumentaba, pero volviéndose cada vez más impenetrable y espesa la oscuridad.

Esta búsqueda, por supuesto abrumo a sus padres y a ella misma. Terminó por asistir a la clínica mayo en su centro de rehabilitación, el cual tiene un programa donde su premisa consiste en que no importa el padecimiento que poseas, todo depende en la gestión que se aplique. Fue así como la búsqueda pasó a un segundo lugar, para abrirle camino a la decisión más importante: vivir adaptándose a su enfermedad, sin que ello le quite el sueño.

Comprendió, que es así como resalta la diferencia entre un problema crónico y uno de salud agudo.  

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