Jóvenes salen a divertirse en las noches a pesar de las restricciones

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Jóvenes salen a divertirse en las noches a pesar de las restricciones

Jóvenes salen a divertirse en las noches a pesar de las restricciones. Alegan estar desesperados por la crisis. El confinamiento les deprime y la situación económica no ayuda. Agentes de seguridad Urbana no se dan abasto para el control.

A pesar de las restricciones realizan fiestas improvisadas en el párquing de la playa de la Mar Bella de Barcelona

La mayoría de los jóvenes argumentando que no se encerraran en casa llorando, o viviendo con estrés y agobios por las restricciones, exponen que ya suficiente la están pasando mal con la falta de ingresos y la ola de calor como para encerrarse más. Por lo cual, siguen reuniéndose en encuentros masivos de diversión y bailoteo a pesar de exponerse a los posibles rebrotes del coronavirus, en el área metro de Barcelona.

La policía se siente al borde de sus recursos, al intentar evitar y controlar estas masivas concentraciones. Desde tempranas horas de la noche hasta bien entrada la madrugada, es cuando cientos de jóvenes se escurren a las calles, estacionamientos y playas para los encuentros desenfrenados. Donde, sin medida bailan, parlotean, intercambian y disipan cualquier angustia, sin tener el debido control del distanciamiento o respetando la restricción establecida.

Todo parece el juego del gato y el ratón, se desplazan de un sitio hasta otros espacios, pero a sus casas o residencias no se van. Reconocen a la Guardia Urbana, que con gran esfuerzo intentan disuadir las innumerables fiestas. Sin resultado positivo, mientras controlan en un espacio, se concentran en otro. Cuando, creen lograrlo y se retiran, aparecen los jóvenes nuevamente.

Fiestas interminables por doquier

Las fiestas no terminan, los jóvenes continúan bebiendo y bailando al ritmo de la música, las mascarillas han desaparecido, el contacto es evidente, las risas, el alborozo, se siente en el ambiente. Con múltiple argumentos justifican su presencia en el lugar. “Nos despidieron del trabajo por la cuarentena y ahora es imposible encontrar otro empleo”. “Debo salir para no quedarme en casa llorando, puedo coger una depresión insuperable”

Cuando llega de repente la Guardia Urbana, puede que encuentre el espacio vacío, pero quedan las huellas de centenares de latas de cervezas, botellas y vasos por doquier. Surge otra llamada, se dirigen al lugar y otro tanto, la plaza vacía, es un eterno correteo durante la noche. Los jóvenes se niegan a quedarse encerrado en casa por las restricciones para controlar los rebrotes. Algunos afirman de forma inconsciente, que de algo se van a morir.

La misma situación es relatada por los agentes de seguridad a lo largo de la ciudad. En la plaza del Sol de Grácia por ejemplo que es una de las zonas del barrio, en donde el control es más estable. Sin embargo, narran que van dando vueltas y van coincidiendo con varios grupos, les disipan, salen corriendo, pero no a casa, se van a otros lugares y así se pasan la noche, de manera interminable.

Las terrazas pierden atractivo

Aunque, las terrazas en donde la podrían pasar con mayor seguridad se encuentran abiertas pasadas la medianoche, muchos prefieren estar afuera con el argumento de que mientras en el local puede apenas beber un trago, hacen un botellón y pueden tomar mejor cinco latas de cervezas y la pasan de maravilla.

Por donde se vea en la zona metropolitana de Barcelona, se puede observar grupos de jóvenes que a pesar de todas las normativas impuestas para controlar los rebrotes. Ellos derrochan algarabía, bailes, bebidas, expresando algunos, creer que la pandemia es una estrategia y controlarlos a cada uno. La Guardia Urbana no es suficiente para llevar el control del desenfreno, no pueden multarlos a todos.

En las terrazas también existe cierto descontrol, no saben si pueden mantenerse en servicio después de medianoche o cerrar a partir de esa hora. Citan que si cierran dejan de percibir unos 600 euro por noche, no entienden lo de tener clientes a las once, pero no después de las doce, señala un restaurador. Sí mantenemos las medidas de seguridad, deberíamos poder abrir, agregó.

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