Por culpa del covid19 no puedo ver a mi hija

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Por culpa del covid19 no puedo ver a mi hija

Por culpa del covid19 no puedo ver a mi hija. Óscar Ballester, residenciado en España, es el nombre del padre angustiado porque en el verano próximo se encuentra imposibilitado para ver a su hija Natalia, quien vive con su madre en Canadá. La madre se encuentra preocupada porque la representación del gobierno canadiense en París, a pesar de ella dar el permiso correspondiente, no responde a su solicitud sobre la concesión de una autorización para dar entrada a la niña de nueve años quien goza de nacionalidad española.

De no contar con ese permiso y el padre atreverse bajo su responsabilidad a dar entrada a la niña a España, el mismo estaría incurso en el delito de irregularidades en el servicio aduanero de Canadá. De darse tal acometimiento tendría que pagar penalidades diversas como la cancelación de una multa por 750.000 dólares, encarcelación por seis meses y no poder usar por cinco años las instalaciones de la aduana.

Han pasado varios meses de esta dura batalla

El señor Ballester vive esta agonía por el solo hecho de querer buscar a su hija en Canadá. Dada la pandemia  por coronavirus, la confrontación se ha realizado no presencial, unilateral y silenciosa porque todo se ha limitado a la comunicación virtual por mails y algunas llamadas telefónicas.

Mientras se hace ese silencio administrativo burocrático que provoca una gran tensión en sus protagonistas, la alegría de una niña de nueve años se entristece como también, la esperanza de derrochar su vitalidad siempre desenvuelta en el verano de la Costa Brava.

Los padres de Natalia se separaron estando ella muy pequeña y el acuerdo mutuo de la ex pareja fue que ella se residenciara formalmente en el lugar donde habita la madre. Con el padre compartiría sus vacaciones los veranos españoles en Barcelona

En el año presente, lamentablemente, la pandemia ha ocasionado que los trámites burocráticos entorpezcan los procesos administrativos, aletargando a tal extremo las solicitudes que las urgencias y necesidades personales no cobran relevancia alguna. Pareciera que la importancia del acto administrativo se aboca al interés institucional más que a la  atención individual.

Óscar tenía pautado viajar a Toronto para buscar a Natalia

El veinte de junio, vuelo que le fue suspendido prolongando su espera hasta un posible viaje para el dos de julio, hecho que también le fue cancelado a causa de la prohibición de la entrada que había impuesto el país. Por ahora solo le queda estar en lista de espera hasta que aparezca una oportunidad de poder viajar, lo que no representa ninguna esperanza para el anhelado encuentro.

Regularmente la madre acompaña a la niña al aeropuerto para hacerle la entrega formal al padre, quien la espera en el sitio y de allí juntos emprender el regreso a Barcelona. Este año tienen una modalidad nueva, el señor Ballester para lograr entrar a Toronto necesita de un permiso especial del gobierno canadiense en donde se le autorice recoger a su hija y retornar el mismo día.

Ante la confusión por no explicarse por qué estos trámites nacionales tienen que hacerse fuera del territorio, el padre acudió, también telefónicamente, al Consulado de Barcelona a fin de que le dieran una satisfacción en ese sentido. Solo consiguió la respuesta que desde que se intensificó la crisis con el Covid19, toda legalización de autorizaciones debe hacerse desde la embajada de Canadá en París.

El padre de Natalia

Al no quedar satisfecho por la atención que se le ha prestado a su caso en París, incansablemente ha insistido con un sinfín de llamadas, con correos electrónicos, con la autorización de la madre, con cartas y una lista de posibles vuelos en donde él podría embarcarse si las cosas resultaran a su favor; pero la intención de recoger a su hija se ve mermada por un silencio administrativo, en el que, tal vez, la embajadora Isabelle Hudon ni siquiera estará enterada.

Refiere Ballester que la respuesta obtenida por parte del Ministerio de Inmigración de Canadá, es que ellos no pueden procesar gestiones hasta que la embajada en París, no envié un expediente con las especificaciones del caso, de hacerlo la solución sería muy simple.

Otro recurso que interpuso nuevamente ante el Consulado de Barcelona, fue apelar a la gestión legal de la reagrupación familiar. Allí le comentaron que la repuesta dada por la cónsul, Collenette Jonelle Scott, fue que ella solamente mediaba ante situaciones urgentes; como si la voz por teléfono de una niña diciendo “papa cuando me vienes a buscar” no les representara una urgencia.

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